Las fiestas de fin de año
–Nochebuena, Navidad, Año Nuevo- son celebraciones señaladas en el calendario
donde en el imaginario social se entrecruzan sentimientos de bondad y
solidaridad, tradiciones, religión, buena comida, fiestas y regalos.
También es
la época en la que el consumismo devora carteras, billeteras y bolsillos en
tiendas y shoppings.

Sin embargo, no todas las
personas experimentan estás celebraciones de la misma manera.
Para cada uno las fiestas
poseen un valor simbólico y emocional por estar articuladas a recuerdos,
situaciones, personas o etapas de la vida. Lo mismo ocurre con los alimentos, ya que
prácticamente todo lo que comemos evoca en nosotros una valoración más allá de
lo puramente alimenticio. Además de nutrirnos y protegernos contra las
enfermedades la comida nos ayuda a acercarnos a los demás y a sentirnos parte
de una comunidad y de una cultura, nos representa ante los demás y nos remite a
nuestro pasado tanto reciente como remoto.
Si bien existen asociaciones
más o menos compartidas por la mayoría de la población, hay asociaciones más
individuales ligadas a la subjetividad.
Para la mayoría estas
celebraciones son vividas con la alegría propia de fiestas que suponen
principalmente el reconocimiento de todo lo bueno ocurrido durante el año, los
logros obtenidos, el crecimiento experimentado. Esto hace que el año que
comienza sea esperado con optimismo y pleno de proyectos.

Para algunos el fin de año
representa el símbolo de la propia finitud, cayendo en la cuenta que la vida no
es eterna. Esto ocurre principalmente en aquellos que han vivido situaciones de
pérdida significativas y cuyos recuerdos despiertan el dolor que se ha sufrido.
Otros se sienten agobiados
por las exigencias a las que se ven sometidos a fin de año, provocando
sensaciones de ansiedad y estrés.
Más allá de las situaciones
personales de cada uno pensemos que no sólo finaliza un año, sino que lo más
importante es que comienza otro. La principal diferencia que tenemos los seres
humanos respecto a los animales es justamente nuestra capacidad de
simbolización y transformación de la realidad.

-Lic. Marcelo A. Bragiola-